jueves, 21 de abril de 2016

Sancionar

Las sanciones, casi siempre, es lo único que entendemos. Nos multan por exceso de velocidad, por aparcar mal, por llevar al perro suelto, por no recoger las heces del perro, por hacer obras ilegales,... pero no nos damos cuenta, que si simplemente hacemos lo que debemos hacer, nos libraríamos de la sanción.

Y con las empresas, pues ocurre exactamente lo mismo, cuando una empresa vende algo, sólo entiende que dejes de pagar, en el sector privado y los expedientes sancionadores en el público, cuyo fin es el mismo, dejar de pagar por un servicio que no te dan.

¿Por qué tenemos que llegar a esto? No deberían hacerse las cosas a las que te comprometes, de manera que evites sanciones, mala prensa y en definitiva, que valoren que eres una empresa solvente, a la que, cuando se le encarga algo, lo hace como debe y con todo en regla.

La verdad es que debería ser así, pero la avaricia, como dice el refrán, rompe el saco y por llevarte un cliente al bolsillo, cometes el error de dar menor servicio, que redundará, antes o después, en pérdidas de clientes y lo que es peor, fama, que bloqueará la posibilidad, de conseguir nuevos clientes.

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